Si de algo debemos estar seguros en esta vida es que nos vamos a morir. Sin embargo, dentro de la cultura contemporánea que nos toca vivir, descolonizada o no, no lo asumimos. Sabemos que los mayores se nos van a ir y los dejamos ir, sin que aparentemente nos importe, pero nos duele cuando la muerte se lleva a alguno de los que veneramos, y uno por uno nos vamos quedando sin ellos. Así es como se nos ha ido Ricardo Pérez Alcalá (1929-2013), y se nos ha ido pronto, tan callando, con sólo 74 años. Por eso, paz en su más allá y dolor y ausencia en nuestros corazones.

ImageLos potosinos son sencillos, cariñosos, leales, cumplidores, generosos y también soñadores, fantasiosos e imaginativos; Ricardo era potosino y se le notaba.

Ricardo estudió Bellas Artes en Potosí y arquitectura en La Paz. Puede decirse que ejerció todas las disciplinas artísticas de las artes visuales incluyendo la escultura. Sin embargo, igual que Roberto Valcárcel, prefirió ser considerado artista más que arquitecto. El prefirió trabajar en medios tradicionales y demostró su gran maestría en todos ellos. Mantuvo una cauta y escéptica distancia con los lenguajes del “arte contemporáneo”.

ImageComo arquitecto (aunque aún no graduado) diseñó importantes y relevantes obras, como: la Iglesia de San Miguel, en Calacoto, y la Iglesia del Corazón de María, en Miraflores (construidas por M. Galindo); la Piscina Olímpica y la Normal “Simón Bolívar”, ambas en Alto Obrajes (construidas por Alborta), la Casa de Juan Claudio Lechín en Bajo Seguëncoma, la Casa de la Florida en la calle 10, o la casa del Pasaje Cordero, ambas en Calacoto, y la Capilla de San Silvestre, en Aranjuez.

Fue un escultor notable aunque de escasa producción en este rubro. Su obra más conocida son los Cóndores de hierro, 1975, de la Casa de la Cultura “Franz Tamayo”, en La Paz, la monumental obra conmemorativa de la presencia boliviana en el Puerto de Ilo titulada Boliviamar, 1999, o la decoración escultórica de la Capilla de San Silvestre, en Aranjuez.

Él se consideraba artista de la pintura y trabajo en varias técnicas como el óleo sobre tela y otros soportes, los murales como el de la Federación de Fabriles, en La Paz, y su medio favorito, la acuarela. Sus pinturas al óleo le valieron por ejemplo, el “Gran Premio” de la Primera Bienal INBO, en 1975, o el Gran Premio del Salón Municipal de Artes Plásticas “Pedro Domingo Murillo”, en La Paz, entre muchos otros. De modo semejante fue galardonado con numerosos premios nacionales e internacionales en la técnica de la acuarela, especialmente en México.

Si aceptamos que no hay dos personas iguales en este mundo (Salvo la igualdad total de todos ante la ley), menos hay dos artistas iguales. Por eso Ricardo fue un artista original, genuino, único.

Su aporte en la técnica fue haber elevado la acuarela al máximo nivel, más allá de una técnica de “genero”, sino más bien como un medio de arte mayor. La soberbia calidad de sus acuarelas está al mismo nivel de las de Albrecht Dürer o las de William Turner.

En el panorama del arte boliviano la producción artística de Ricardo está ubicada dentro de la “Tendencia Nacional” tal como la definió Rigoberto Villarroel Claure, intermedia entre la de los “Artistas sociales” de la “Revolución Nacional de 1952” seguidores de la figuración realista soviética y el muralismo mexicano, y la de los “abstractos” próximos a las corrientes internacionales del expresionismo abstracto, el materismo, el informalismo, el Op Art, el arte cinético y el constructivismo.

Ricardo ha tratado siempre en sus obras los temas de la realidad nacional, desde los paisajes rurales o urbanos hasta a los hombres y sus quehaceres, con sus dramas existenciales y cotidianos, unas veces intensos y dramáticos, otras veces anecdóticos; desde el realismo verosímil transitando hasta la ficción y la realidad paralela. En los últimos años de su producción se hizo perceptible el tratamiento de temas vinculados con lo real maravilloso, ámbito en el que coincidió con Raúl Lara Torres y otros, pero especialmente con el mundo de la poesía oscura de Jaime Sáenz y en tal sentido ha dejado otras verdaderamente significativas que oscilan entre la poesía de la bohemia noctámbula y la mitología potosina de tesoros escondidos, almas en pena, apariciones y la muerte omnipresente.Image

La calidad de su obra pictórica, especialmente la realizada al óleo, es equiparable en el plano internacional a la de los cubanos Tomás Sánchez y Julio Larráz, con aproximaciones al realismo extremo comparable a la obra del chileno Cuevas o la del mexicano Carbonell.

Por todo eso Ricardo fue único y es una tristeza que se nos haya ido tan pronto. Aunque en el último tiempo se le hicieron algunos homenajes y se organizaron varias exposiciones sobre su obra, han sido insuficientes para reconocer la talla humana y la extraordinaria creatividad y calidad de su producción. Se ha ido cuando saboreaba la satisfacción de la tarea cumplida, que seguía cumpliendo sin fatiga.

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