ImageEl Falco Sparverius es un cernícalo que se caracteriza por comer ratones, reptiles e insectos y que normalmente vuela sólo.

En 1980, Pedro Querejazu escribía con ese seudónimo Falco Saparverius o “Quillicho” en quechua. No sé si escribía sobre los artistas de entonces o, al final se los comía, en las notas que publicaba con ejemplar periodicidad. Lo que es cierto, es que Pedro Querejazu anduvo, y anda, sólo en el mundo de la crítica del arte local; aunque en su casa estuvo, y está, rodeado de muchas mujeres.

Tengo la satisfacción de presentar su libro Arte contemporáneo en Bolivia 1970-2013. Es una extensa publicación de 536 páginas, que reúne toda su producción escrita, dividida en cuatro secciones: escritos de crítica, textos para catálogos, ensayos sobre arte y estudios históricos. El libro tiene bibliografía y tres índices temáticos que son funcionalmente importantes a la hora de revisar los temas y autores.

Si tenemos en cuenta la escasa producción teórica que existe sobre el arte en Bolivia, convendremos que esta publicación tiene un importante valor documental. Después de la portentosa obra de los esposos Mesa y Gisbert y los manifiestos de Carlos Salazar Mostajo, el mundo del arte en nuestro país no ha tenido en el tiempo grandes estudios ni tampoco ensayistas persistentes y consecuentes.

El libro que ahora presento tiene, en esa línea, dos cualidades que paso a resaltar. En primer lugar, el texto cubre un período en que las artes tuvieron un inusitado éxito de público, un importante mercado y en la mayoría de los casos obras y artistas relevantes. Querejazu escribió por más de dos décadas sobre ese momento. Aparte de ese signo de obstinación y trabajo metódico, destaco una segunda cualidad: se trata de información documental y descriptiva que, con el paso del tiempo, es quizás la única que interese para las futuras generaciones de artistas, críticos e historiadores del arte; es inexorablemente cierto: la documentación se mantiene tenaz en el tiempo mientras que los pensamientos o las elucubraciones se van o se empobrecen con el paso de los años. Aunque el libro consigna textos de análisis crítico en los ensayos (a los que me referiré después), el libro es básicamente información que sirve porque ayuda a rememorar un reciente pasado (como dice Valcárcel: como abrir un baúl de recuerdos) o es útil para indagar y profundizar en la historia del arte contemporáneo en Bolivia de los últimos años.

Como prueba de ello, al repasar las hojas sientes cambios brutales en tan sólo unos años. Y te preguntas dónde están muchos de los artistas citados por Querejazu o quienes quedan todavía en pie en este nuevo siglo, también te cuestionas sobre el destino de algunos conceptos laudatorios o lapidarios que vertió Querejazu sobre artistas que aún están en la palestra. En tan sólo 30 años los cambios son tales que puedo afirmar que en el mundo del arte existe mayor movilidad que en campo social.

 

Pero, permítanme hacer unas cuantas menciones a las dos secciones que particularmente me atraen.

 

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Pedro Querejazu hace extremado honor a su seudónimo, del inicio de su carrera como crítico, en la sección correspondiente a sus repasos de las exposiciones. Aunque reconoce que pudo equivocarse en muchas oportunidades, desplegó un particular modo de evaluar y juzgar las distintas muestras; fueron dictámenes que le valieron muchas enemistades y enconos. Aunque Querejazu dice “que a los artistas en general en Bolivia, no les interesa la crítica de arte” es obvio que no podían dejar pasar juicios como los publicados a la obra de un artista cordobés, que por mesura llamaremos JA, que por el año 1983 se atrevió a montar una exposición nada menos que en el Museo Nacional de Arte. El autor decía de la obra de JA:

“El currículum del argentino es reducido. Los dibujos me parecen grises, apagados y malos. Es evidente una falta de conocimiento de anatomía, especialmente en los pies que son calamitosos y con perspectivas muy primarias. Además, lo poco que se puede obtener de las pinturas es ahogado por unos marcos mediocres que liquidan la pintura. Lástima del esfuerzo y del auspicio que me parece un desperdicio.”

Parece que Querejazu caló hondo en JA quien decidió dejar los intentos plásticos y decidió, para su fortuna, abrir un negocio de comida rápida que se transformó en todo un éxito y se reprodujo como honguitos.

Pero no solamente la pluma se tornó ácida para un desconocido sino también para los consagrados. El texto consigna una crítica del año 1986 para una exposición en Galería Emusa de unos connotados hermanos artistas, cito textual:

“Los dos hermanos son considerados los más altos exponentes de la pintura boliviana del momento. Sin embargo, la muestra no está a la altura de esa consideración. Más claramente, es una exposición mala.”

Pero más allá de esas muestras de honestidad con sus criterios estéticos, esta sección del libro de Querejazu muestra un abanico mucho más amplio que va desde crónicas abiertas y populares sobre las obras expuestas (como por ejemplo en la Plaza Humboldt) a defensas de muestras de arte experimental, (como aquella que fue cerrada, por una mediocre funcionaria de la Casa de Cultura, el año 1983). Es una sección que nos recuerda a los jóvenes artistas emergentes del momento, a los consagrados en el nacionalismo revolucionario, a muestras alternativas o de artesanías, a las incipientes exposiciones de fotografía o a las reseñas de los concursos de arte de ese entonces.

Todos los presentes tenemos la conciencia de la importancia de ese período, el fin del siglo XX, para las artes en Bolivia. Por ello, el repaso de esas acciones colectivas, en medio de las tensiones entre dictaduras y democracia, son importantes para tratar de entender los tiempos presentes tan confusos y arrolladores.

 

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Otra sección que recomiendo releer es la de ensayos. Y de ella sugiero dos que son importantes para conocer el pensamiento de Querejazu.

El primero es: “Los vasos comunicantes del arte latinoamericano” de 1998. Con temas como: ¿Arte original y genuino?, Osmótico y simbiótico y Mestizaje y antropofagia; donde se despliegan temas que son de debate actualizado. Extraigo textualmente un párrafo:

“Una de las explicaciones posibles al aparente rezago latinoamericano respecto a las vanguardias artísticas occidentales es que las distintas sociedades latinoamericanas no estaban como tales expresamente interesadas en la modernidad. Las sucesivas vanguardias artísticas europeas, desde el gótico en adelante, son el resultado del racionalismo lógico europeo, típicamente occidental, y de la constante búsqueda de la novedad…En contraposición en el ámbito latinoamericano la presencia del… llamado “conocimiento local”, marca ritmos diferentes en la evolución del arte y la representación de la realidad”.

El segundo ensayo que lleva substancia es “Memoria e identidad en el arte boliviano” del año 2002. Con él, es notorio que las memorias y las evocaciones son temas recurrentes, tal como se espera de un reconocido historiador del arte. Es de destacar, en este ensayo, la reflexión sobre la identidad en la región. Querejazu se alinea a las voces que proponen identidades polifacéticas o poliédricas, de fronteras diluidas y de procesos históricos complejos e inesperados. Asimismo, parece concordar que el mestizaje como paradigma de la modernidad latinoamericana esta en entredicho y usa reiteradamente los términos pluri y multi para explicar las culturas coexistentes en el territorio boliviano. El texto es del año 2002 y Bolivia cambio su constitución el año 2009 pasando de un Estado Republicano al nuevo Estado Plurinacional, dando cobertura política y legislativa a las diferentes nacionalidades que habitan nuestro país y por ende transformando, en un extenso abanico, los criterios estéticos y culturales. Esta apertura histórica ha significado una reformulación de cuajo de lo que se conocía por arte y del accionar de los artistas oficiales y también del mundo popular. Este ensayo, junto a otros pensamientos, es importante para escudriñar la raíz identitaria de cada región y su cultura para proyectar el futuro de las artes en Bolivia.

 

Es una pena que el libro este desarrollado prácticamente con puro texto. Al revisarlo uno tiene la necesidad de que cada sección de crítica o de repaso a las exposiciones lleve una imagen pertinente; que es de suponer el autor las tiene, conociendo por su pasión por la fotografía documental. Sin embargo, el libro reúne el esfuerzo de cuarenta años de trajinar por el mundo del arte y debemos reconocer este esfuerzo al reunir en un libro toda esa elaboración para beneficio de los interesados académicos y de los artistas que recordarán como se los comía, en ese entonces, un ave voraz que voló un día a La Paz desde de la sosegada ciudad de Sucre.

Carlos Villagómez

La Paz, 14 de noviembre 2013.

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