Durante la Entrada del Carnaval de Oruro, el pasado sábado 1º de marzo, una pasarela cayó, llevándose consigo a los espectadores que estaban sobre ella, y aplastando a varios músicos de la banda de música de una fraternidad. El desplome de la estructura metálica causó la muerte de varios músicos y espectadores y numerosos heridos.

La pasarela en cuestión al parecer fue construida como una estructura provisional que permitiese el tránsito de personas de uno a otro lado de la larga vía por la que transcurre el paso de las cofradías, asociaciones y agrupaciones, protagonistas de la famosa “Entrada de Oruro”. La pasarela era necesaria porque la larga avenida por la que transcurre el festivo desfile cierra el paso de la gente por muchas horas.

La pasarela aparentemente se desplomó porque no resistió el peso de tanta gente, que en vez de transitar, la usó como palco para mirar el espectáculo. Es posible que haya habido errores en las especificaciones técnicas para su construcción, o un inadecuado cálculo de la estructura. Es posible también que lo anterior hubiera sido resultado de la improvisación e imprevisión de los gestores municipales, o, incluso, es posible que la construcción hubiese sido tocada por la corrupción.

El hecho provocó inmediatamente la actitud de duelo que embargó tanto a los espectadores y la población, como a los grupos que protagonizaban la “Entrada”, sobrecogidos por el drama. Estos dejaron de bailar y marcharon hasta la iglesia del Socabón, que era su destino. El festejo de la entrada del Carnaval, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de Bolivia y de Oruro, se tiñó de luto.

Pocos días después, un reconocido y afamado artista publico una caricatura sobre el evento en el periódico La Razón de La Paz. Desde ese momento se han desatado las “furias del averno” contra este artista.

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El artista, cuya firma como caricaturista es: “Al-Azar”, es nada menos que Alejando Salazar (La Paz, 1959). Él es uno de los más grandes dibujantes e ilustradores de la Historia de Bolivia. Como tal figura dentro del selecto grupo de caricaturistas bolivianos de renombre como: Arturo Borda, Víctor Valdivia, Emiliano Lujan, Miguel Alandia Pantoja y otros.

Salazar ha preferido siempre el “perfil bajo”. En otras, palabras, ha optado por el silencio de su estudio, donde produce diariamente numerosas caricaturas e ilustraciones para diarios, revistas y libros. Ha expuesto sus obras en algunas oportunidades; no es de los artistas que aparecen como luminarias en las galerías de arte. No obstante, ha participado con su obra mayor en exposiciones y bienales de arte dentro y fuera de Bolivia, y las obras ilustradas por él han recorrido el mundo, por lo cual ha recibido numerosos premios y distinciones.

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Salazar se define como autodidacta, y en efecto, nunca ha realizado estudios formales de arte. Sin embargo, es innegable que tiene en su bagaje la formación de arquitecto, que ha influido en su factura prolija, en el manejo del espacio del cuadro y del espacio representado, y en su técnica de trabajo. Gracias a eso ha desarrollado un dibujo meticuloso, preciso y un estupendo manejo de las tintas.

Salazar es un dibujante compulsivo, como pocos se han dado en Bolivia. Dibuja constantemente, y va llenando cuadernillos y carpetas con sus dibujos. Estos son caricaturas, estudios anatómicos, ejercicios con modelo o ideas que surgen en la imaginación y plasma en el papel. Realiza también obras con diversas técnicas y ocasionalmente elabora y analiza sus ideas en computadora. De la revisión de unos y otros trabajos van desarrollándose las obras acabadas o mayores, ya sean éstas caricaturas, ilustraciones realizadas por encargo o pinturas al óleo sobre lienzo.

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Por la temática de su trabajo, Alejandro Salazar es parte de los artistas que tratan los temas de lo marginal, entre los que están Mario Conde Cruz en La Paz y Jorge Padilla en Santa Cruz. Estos artistas muestran los submundos citadinos de la bohemia y de la emergente y polifacética clase media urbana, con sus ansias y preocupaciones, sus gozos y miserias. Salazar es un contemplador analítico de la realidad social urbana del país. Su contemplar es participativo en la medida en que no es un espectador pasivo que mira la vida pasar, sino que la contempla con una visión crítica reflexiva. Él está incorporado dentro del mundo que contempla, tanto así que él mismo es uno de los seres contemplados y diseccionados.

La visión analítica de Alejandro Salazar se manifiesta, en algunas obras, en la descomposición de sus personajes, que, cual mariquitas, pueden ser montados y desmontados con nuevas anatomías o vestimenta, sugiriendo la transmutación o metamorfosis de los individuos.

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Su crítica social se manifiesta en esos personajes que se ocultan, que estando vacíos muestran una fachada impenetrable hacia el exterior, o en los personajes descabezados, en que la cabeza es parte intercambiable porque está vacía de ideas o carece de identidad. Son sutiles manifestaciones del hermetismo que caracteriza a los bolivianos (hermetismo que estalla y desborda sólo en días de fiesta).

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Las autoridades, las asociaciones cívicas y los “movimientos sociales” de Oruro, equivocadamente se han dedicado a perseguir al artista autor de la caricatura, en vez de indagar y sancionar a los responsables de la construcción defectuosa de la pasarela causante de los daños físicos y morales y de la muerte de varias personas. Estas entidades, al parecer carentes de ideas y argumentos para dialogar, recurren al cobarde método de censurar, perseguir y amenazar. Uno se pregunta si, también están persiguiendo a los camarógrafos, fotógrafos, turistas y visitantes que hayan podido registrar con sus cámaras  el drama de la pasarela.

En este escenario, lo más sorprendente, ha sido la actitud de la Asociación de Periodistas de La Paz, que ha censurado a Salazar, cuando ella debería ser, por definición, la defensora de la libertad de expresión; máxime cuando esa entidad ha premiado repetidamente a Salazar por sus ilustraciones y caricaturas en diferentes periódicos.

Personalmente, he creído siempre en la libertad de expresión y de creación y la he estimulado en los artistas con que me ha tocado trabajar. Por eso hoy respaldo a Alejandro Salazar y su trabajo. Es imperativo no callar y actuar contra el cobarde terrorismo institucional, contra la miopía de los que pretenden coartar las libertades ciudadanas y contra los que persiguiendo a un artista pretenden levantar una cortina de humo para tapar la incapacidad, la ineficacia y acaso también la corrupción.

No hay que perder de vista que los heridos y muertos no fueron obra de Salazar. El solo ilustró sintéticamente la tragedia.

 

 

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