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G.M. Berrío, Vista de Potosí, 1756 (detalle). Museo Charcas, Sucre

Potosí y su cerro son desde el principio un lugar de misterio, de fascinación, de drama y tragedia, de drama y creación, y, también de experiencias colectivas e individuales íntimas y entrañables. Los regionalismos que actualmente que dividen al país, sustento de los movimientos autonómicos, no siempre permiten ver la figura mayor de una nación cuyo centro geográfico y simbólico es un volcán apagado donde se generaron los mitos fundacionales de Bolivia.

Desde la época prehispánica, la región de Potosí estuvo ocupada y desarrollada por agricultores y ganaderos (como lo prueban las terracerías artificiales de cultivo, “andenerías” o “tacanas”, de Betanzos y otros lugares cercanos como la fortaleza de Oroncota) y la actividad de los llameros, que sigue hasta hoy. En las cercanías del Cerro Rico hubo diversos asentamientos indígenas, entre los cuales el más importante fue Cantumarca.
Los habitantes prehispánicos de la región, conocieron desde tiempos inmemoriales la montaña y su naturaleza; supieron que había sido un volcán, por eso la llamaban “Potocchi” (el que estalla), de donde viene el nombre de la ciudad de Potosí. Varios autores de la época de la conquista describieron al cerro como Huaca. Hoy se sabe que en esa montaña se veneraba a la más poderosa divinidad prehispánica del mundo andino, el dios Pachacámac, el dios del mundo subterráneo y de los movimientos telúricos, los terremotos, que tenía un gran adoratorio y centro ceremonial en la costa del océano Pacífico, al sur de la ciudad de Lima. Se sabe que en la cima del Cerro Rico hubo un terraplén con una plataforma o mesa de piedra.
Los primeros españoles que explotaron las ricas vetas de plata, encontraron en el interior del cerro una formación natural, de plata rosicler, de apariencia antropomorfa, que cuando la sacaron, causó gran conmoción entre los indios. El cerro recibía varias denominaciones: los puquina lo llamaban “Cápac Iqui”; los quechuas, “Súmaj Orco” o “Cápac Orco”; los aymaras, “Cápac Apu”. Esto explica por qué estos pueblos no explotaran sus yacimientos de plata, que ciertamente conocían, como sí lo hicieron en la cercana Porco, que dio origen a la fundación y nombre de la ciudad de La Plata (hoy Sucre). El cerro se convertiría en poco tiempo en símbolo de las riquezas infinitas; en el centro del continente donde también estaba El Dorado y donde, además, los pájaros hablaban (Prefiguración del Paraiso Terrenal). Un continente donde cualquier utopía era posible.

J Castañón, Virge de Copacabana, 1853.
J Castañón, Virgen de Copacabana, 1853.

Casi cuatro décadas después del “descubrimiento” de las vetas de plata en el famoso cerro, un indio noble, oriundo del pueblo de Copacabana, donde estaba otro de los grandes adoratorios prehispánicos, descendiente de la panaca de Túpac Yupanqui, Francisco Tito Yupanqui, convertido al cristianismo, llevado por su fe realizó una imagen de la Virgen María que el párroco de entonces puso en el altar de la entonces nueva iglesia de Copacabana. Cuando llegó al pueblo un nuevo párroco, retiró la imagen de arcilla, por lo que este artista decidió ir a Potosí, acompañado por sus familiares, a aprender la escultura con un artífice español.
Francisco Tito Yupanqui, (Copacabana, hacia 1550 – Arequipa, 1616), en alrededor de dos años aprendió el arte, consiguió el permiso del Obispo de La Plata para hacer imágenes, y después elaboró una imagen de La Candelaria, la Virgen de la purificación (cuyo símbolo es el fuego y la luz que ilumina en la oscuridad), tomando para ello como modelo una imagen de factura española que ya había en la iglesia de Santo Domingo en Potosí.
Con su imagen hecha volvió a Copacabana. En una escala del camino en La Paz, logró que la dorara y policromara un artífice español. Tras algunas dificultades posteriores, finalmente la imagen fue entronizada en la Iglesia de Copacabana, en el día de su fiesta, el 2 de febrero de 1584. La imagen inmediatamente adquirió fama de milagrosa; pocas imágenes adquirieron fama y devoción tan rápido y desde lugares tan distintos y distantes como la Virgen de Copacabana.
y Tito Yupanqui tuvo que dedicarse permanentemente al arte de la escultura y a producir nuevas versiones de la ya conocida como Virgen de Copacabana. Él formó un taller con sus familiares y las imágenes producidas por este escultor indígena noble, llegaron al Vaticano en Roma, a Milán, a Sevilla (y probablemente Madrid), a Lima, Cocharcas, Cuzco, Arequipa, Río de Janeiro (en Brasil), Pucarani, Cochabamba, etc.
La fama de la imagen dio lugar a que, un siglo después de su entronización, Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600 – Madrid, 1670), a requerimiento de los religiosos agustinos escribiera La aurora en Copacabana, que es una comedia que dramatiza la historia de la milagrosa talla de la Virgen de Copacabana por Francisco Tito Yupanqui. Para ello Calderón usó como fuentes los Comentarios reales de los incas y la Historia General del Perú del Inca Garcilaso de la Vega, y la Historia del Santuario de Nuestra Señora de Copacabana del fraile agustino Alonso Ramos Gavilán.

Anónimo, Virgen-Cerro, c1730, Museo de la Casa Nacional de Moneda, Potosí.
Anónimo, Virgen-Cerro, c1730, Museo de la Casa Nacional de Moneda, Potosí.

Otro siglo más tarde aún, en el segundo tercio del siglo XVIII, en Potosí se elaboró un par de pinturas que manifiestan de manera simultánea, clara y críptica, la afirmación que encabeza este escrito. El mensaje del cuadro La Virgen-Cerro, circa 1730, del Museo de la Casa Nacional de Moneda en Potosí, y el de La Virgen-Cerro, circa 1760, del Museo Nacional de Arte, en La Paz, con base en el sincretismo religioso y en el auto sacramenta de Calderón, nos hablan de la Maravilla que es la Inmaculada Concepción que tuvo en su vientre a Cristo, el redentor de los hombres, siendo al mismo tiempo, la montaña cuyo vientre era la plata, flanqueada por las dos columnas de Hércules que simbolizan el “Plus ultra” (Más allá) del escudo de Carlos V y de la ciudad de Potosí, la Villa Imperial, y que simbolizan al fin y al cabo a América.

Anónimo, virgen-Cerro, c1765, Museo Nacional de Arte, La Paz.
Anónimo, Virgen-Cerro, c1765, Museo Nacional de Arte, La Paz.

Finalmente, la imagen del Cerro de Potosí está en el Escudo Nacional de Bolivia. Por otra parte, la imagen original de la Virgen de Copacabana que se venera en el Santuario de Copacabana, en el lago Titicaca, fue coronada como “Reina de Bolivia” durante el pontificado del Papa Pío XI, el 1º de agosto de 1925, el día de su festividad y con motivo de la conmemoración del centenario de la independencia del país; patronazgo refrendado por el Papa Juan Pablo II durante su visita al país, el 10 y el 14 de mayo de 1988.

Arturo Borda, Virgen de Copacabana, 1932, La Paz.
Arturo Borda, Virgen de Copacabana, 1932, La Paz.

Me he referido hasta aquí a dos símbolos nacionales que están estrechamente relacionados entre sí. Los bolivianos, más allá de que seamos católicos o no, deberíamos respaldar totalmente el proceso de Beatificación y canonización de Francisco Tito Yupanqui, como una causa nacional, nacionalista y de reivindicación histórica del indígena originario y su rol creador en el pasado, el presente y el futuro.
Por lo demás, los potosinos reclaman hoy la atención de la República, con todo derecho, con base en lo que el Cerro Rico significó para el mundo. Acaso esa deuda histórica debía ser atendida por la Corona que usufructuó de sus riquezas por más de tres siglos, malgastando los recursos en guerras absurdas; pero la República, el Estado Plurinacional de Bolivia, no es menos responsable hoy por atender esa deuda histórica que no se paga necesariamente con recursos económicos sino con atención, respeto, reconocimiento y valoración de su significado.

Anónimo, Virgen de Copacabana y Escudo Nacional de Bolivia, c1940, La Paz.
Anónimo, Virgen de Copacabana y Escudo Nacional de Bolivia, c1940, La Paz.

 

(Publicado en el periódico mensual EL DESACUERDO, La Paz, 10 de agosto de 2014, página 10. Parte de un grupo de nuevo artículos sobre los 9 Departamentos de Bolivia, conmemorando el 6 de agosto de 2014).

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