Me refiero a una exposición de fotografías compuesta por 80 paneles con imágenes, que se exhibe en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore, MUSEF, Calle Ingavi, 161, desde el miércoles 22 de octubre hasta el 10 de noviembre. La exposición titula: “Qápac Ñan, el camino Inca en el Perú” porque muestra diferentes aspectos de esa vía troncal dentro del territorio que hoy es Perú. Es una exposición organizada por la Embajada de Perú en Bolivia.

El pasado 21 de junio le Cápac Ñán fue declarado por UNESCO como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, en su integridad. El conjunto es de dimensión continental pues abarca prácticamente toda la región andina, un espacio que hoy está conformado por seis países, desde el sur de.

Camino de Los Yungas
Camino de Los Yungas

En Abya Yala (la América prehispánica), las rutas de la región andina se fueron formando a partir de las primeras migraciones de ocupación humana de este vasto continente y luego por el migrar de los primitivos pobladores de la región que seguían los flujos Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, hasta el norte de Chile y Argentina estacionales de los animales mayores de los que se alimentaban y servían y al final domesticaron. Estos flujos estacionales se convirtieron en permanentes y se han mantenido hasta el presente con los grupos de ganaderos como los llameros de Carangas, que llevan bloques de sal extraída del Salar de Uyuni hacia las regiones bajas y que traen y llevan los productos usados y requeridos por los sabios y médicos Callahuayas. Con el tiempo, esos flujos fueron conformando el sistema prehispánico del “control vertical” de los diversos pisos ecológicos y el “sistema de archipiélago” que implico desplazamientos parciales, semipermanentes de miembros de los distintos grupos étnicos para conseguir y acceder a diversos productos de regiones ajenas a la propia. Así se fueron conformando redes de caminos y rutas estables.

Por estas rutas los ganaderos Huancarani, del altiplano sur, exportaron su cobre a otras regiones. Algún tiempo más tarde los tiahuanacotas expandieron su cultura altiplánica a los valles interandinos y a la costa del Océano Pacifico, llevando consigo la tecnología de las herramientas, utensilios y armas de bronce, los textiles y cerámicas refinadas y el traslado de productos alimenticios de las terrazas y camellones inundadizos con riego controlado. Ellos, que habían domesticado la papa en las tierras altas la fueron mejorando primero y luego la implantaron en otras regiones, así como la tecnología para deshidratarla por congelamiento y conservarla como alimento seco por tiempo prolongado, el chuñu y la tunta. En la vasta región del altiplano sur se domesticaron granos como la quinua que fue luego difundida por todo el altiplano y otras tierras altas. Los tiahuanacotas propalaron también muchos de los mitos de origen de la región y la idea y veneración de Huiracocha, el dios creador andino, que está representado en la Puerta del Sol, en Puma Puncu y Calasasaya.

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Por estos caminos transitó en vía de reflujo la veneración de Pachacámac, dios de la tierra y los terremotos, desde su montaña-adoratorio en la costa del Pacífico, al sur de Lima, hasta Chucuito en el lago Titicaca y el Cerro de Potosí en cuya cima se hizo un altar para venerarlo.

Por estos caminos serpenteantes entre el altiplano y los escarpados valles, unos pueblos conquistaron a otros y se produjo el intercambiaron productos, tecnologías, costumbres y cosmovisiones. Por esta ruta las conchas de espóndilus, los moluscos marinos oriundos de las costas del hoy Ecuador, llegaron tanto hasta el Caribe, como al altiplano y el lago Titicaca, hasta los valles altos de las tierras de los Charcas. Con ellas se hicieron joyas y collares y las conchas enteras hasta hace poco se usaron como cornos y se las oía sonar en las alturas de Potosí, Chuquisaca y Cochabamba, para convocar a las asambleas de los pueblos originarios.

Más tarde, los Incas, belicosos guerreros conquistadores y prácticos dominadores y administradores de territorios, construyeron el señorío imperial más grande de Sudamérica, de Abya Yala, antes de la llegada de los europeos. Ellos perfeccionaron el sistema de la construcción de caminos así como el de comunicación rápida de los chasquis y los tambos. Así el Inca podía comer en su mesa en Cuzco pescado fresco del Pacífico o frutos del Amazonas. Ellos abrieron la ruta directa entre el Valle del Urubamba y el altiplano que antes había estado cerrada por glaciares.

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Los caminos eran en general de pavimento de piedra, y en buena parte tenían muros laterales de tapial o adobe. Los tramos empinados eran con escalones. La carga y los productos eran llevados en hombros e hombres y en muy numerosas recuas de llamas, porque estos animales, oriundos de la región y domesticados, no cargan pesos mayores a los 50 kilos.

Ellos construyeron la ruta mayor, el Cápac Ñán, que es el eje troncal, la columna vertebral de un sistema vial que cubre más de 60.000 kilómetros por territorios y topografías muy diversas y variadas, sorprendentes y en general hostiles. El sistema de caminos y rutas conecta transversalmente la costa del Pacifico con la sierra y con los valles y tierras selváticas de la cuenca del río Amazonas. Longitudinalmente recorre por vías paralelas, tanto la costa del Pacífico como la Cordillera de los Andes. La ruta de la costa hacia el norte: desde Cuzco, pasaba por Palpa, Ica, Nazca, Pachacámac, Lima, Huarmey, Chan-Chán, Los Tallanes (Piura), Ayavaca y Tumbes; hacia el sur, desde Cuzco: Tambo Colorado, Catorpe, Copiapó, hasta el río Maule. La ruta de la sierra, hacia el norte, desde Cuzco: Vilcashuamán, Huari, Jauja, Tarma, Huánuco, Cajamarca, Chachapoyas, Tumibamba, Loja, Quito, Inga-Pirca y Pasto, en el río Ancasmayu. Hacia el sur: Piquillajta, Rajche, Jatun Colla, Pucara, Puno, Chucuito, Copacabana, Guaqui, Tiahuanaco, Chuquiabo (La Paz), Paria, Tupiza, Tilcara, Pampas de Tucumán. Estos caminos bordeaban el lago Titicaca también por el lado oriental, de Lampa y Pucara por Escoma, Carabuco, Ancoraimes, Achacachi, Huarina, Pucarani, hasta empalmar con Tiahuanaco y Chuquiabo, rumbo al sur. El camino recorría todo el altiplano para seguir hasta los valles de los Chúis e Incallajta, o las fortalezas de piedra de Samaipata y Oroncota, frente a los Chiriguanos, o hacia los valles de los Calchaquíes en el hoy norte de Argentina y los valles y desiertos del norte de Chile, por San Pedro de Atacama, Cobija y Arica. Tenía ramificaciones desde el altiplano a los valles yungas por Charazani, Curva, Iscanhuaya, Yanacachi, El paso, y los valles mesotérmicos de Cochabamba, Chuquisaca y Potosí.

Por estos mismos caminos los Incas trasladaron pueblos enteros para doblegar su rebeldía, como la nación Chúi del valle de Cochabamba que expulsaron totalmente para poblar con otras gentes que les fueran leales, o llevaron diestros y feroces guerreros Charcas para sus conquistas del extremo norte del imperio, donde algunos quedaron como grupo étnico en la actual Colombia. Con el sistema de la minga y la reciprocidad construyeron caminos, ductos de agua, sistemas de terrazas artificiales en las laderas de las montañas para expandir y optimizar la tierra cultivable; construyeron también almacenes de alimentos, ciudades y fortalezas. Por estos caminos, en menos de cien años impusieron el idioma quechua como la Lengua franca de los Andes, proceso tan eficaz que hoy sigue siendo la lengua nativa más extendida de la región. Ellos también sistematizaron y mejoraron el cultivo del maíz, que aunque originario del norte de México, había llegado por rutas de mar y tierra hasta Sudamérica y era ya conocido y cultivado por las culturas que les precedieron en el tiempo. Ellos, con sus sistemas de terrazas de cultivo, mejoraron el maíz logrando variedades más productivas hasta llegar al maíz blanco del valle del río Urubamba, el mejor del mundo.

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Por estos caminos llevaron y trajeron procedente de todo el imperio a la mano de obra especializada, los yanaconas, y los concentraron en Cuzco, su capital. Orfebres y metalisteros, talladores de querus, artífices de las plumas, tejedores que podían hilar el pelaje fino de los pájaros de la noche, los murciélagos. Por estos caminos trajeron y llevaron también su cosmogonía y concepción del universo, su culto por el Inti y la Quilla, sus cultos subterráneos, que dejaron de lado los dioses de antes, pero que de todas maneras los reunieron y concentraron en el templo del Coricancha, en Cuzco, hoy parcialmente visible debajo del convento de Santo Domingo de esa ciudad.

Cuando el gran imperio Inca estaba en su máximo esplendor y extensión, por estos caminos también llegaron noticias de los guerreros blancos y barbados salidos del mar. Finalmente, para cumplir ese mito nuevo, por estos caminos llegaron esos personajes montados sobre enormes bestias resoplantes y con largos palos que disparaban truenos y fuego, destructores de todo y ansiosos de oro y poder.

Es indudable que Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Francisco Valverde, con sus secuaces, subieron por estos caminos incaicos, desde el Pacífico hasta Cajamarca, hasta encontrarse con el gran señor Atahuallpa. De allí algunos tomaron el Cápac Ñan para llegar a Cuzco en 1532, lugar en que poco antes había sido asesinado el Inca Huáscar, por ordenes de su hermano; otros, por las rutas costeras llegaron para fundar la ciudad Los Reyes, en el valle del río Rímac, que conocemos como Lima.

Esa banda de invasores, astutos conquistadores embebidos de las ideologías políticas de Maquiavelo y otros pensadores europeos, dividieron y conquistaron un poderoso imperio que coincidentemente, estaba aquejado por graves pugnas internas, al borde del colapso administrativo del sistema de reciprocidad, con sus poderosos ejércitos conteniendo a los aguerridos Chiriguanos (guaraníes) en la frontera suroriental.

Pero ahí empieza otra historia. Cuando se quiso expulsar a los recién llegados, era ya demasiado tarde y eran demasiados. Tras la conquista se instauró la administración colonial, se fundaron ciudades y se redujeron y concentraros poblaciones y esos caminos siguieron prestando sus servicios, hasta incluso instauradas las repúblicas andinas y hasta bien entrado el siglo XX. Hoy muchos tramos de estos caminos siguen en buen estado y en uso por los llameros. Algunos se usan como vías turísticas, entre Cuzco y Machu-Picchu o desde La Paz a los valles Yungas, por citar algunos ejemplos.

Algunas de las imágenes de los paneles son grabados o ilustraciones del periodo colonial o del siglo XIX. Sin embargo, la mayoría son fotografías. El conjunto de ellas que muestra los tramos de esta ruta en Perú es estupendo. Los fotógrafos son: Wálter H. Wust, Mylene d’Auriol, Roberto Fantozzi, Jorge Esquiroz – AFP Integra, Heinz Plenge, André Baertschi/wildtropix.com, Max Milligan, Renzo Uccelli, Javier Silva, Alejandro Balaguer, Manolo Urquizo/INC, Felipe Varela/INC, Jim Bartle, Daniel Giannoni, Alejandro Tello, Cecilia Raffo, Yann Arthus-Bertrand, Carlos Vela / INC, James Posso,

Desde luego que es una muy apretada selección de las miles de imágenes que ya deben existir sobre las rutas prehispánicas y los pueblos y gentes que comunican, en especial de este notable eje troncal. Por lo dicho es una exposición que vale la pena ver.

Camino del Takesi
Camino del Takesi
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