Con ese título, Javier Fernández Patón ha presentado una exposición entre el 12 de febrero y el 13 de marzo, en la Sala Municipal “Cecilio Guzmán de Rojas”, en La Paz.

Javier Fernández P, "De la retama su color", 2015, acuarela.
Javier Fernández P, “De la retama su color”, 2015, acuarela.

Se trató de cuarenta obras realizadas en varios medios: pastel (2), óleo sobre panel (8), acuarela (28), y técnicas mixtas (2). Las pinturas han sido realizadas entre el 2008 y el 2015 aunque la mayoría son de los dos últimos años. Entre las acuarelas hay algunas grandes, del tamaño máximo de las hojas grandes de papel, y otras muy pequeñas de escasos centímetros, realizadas como primera mancha. Los óleos son pequeños y la obra de mayor dimensión es un dibujo al pastel: Retrato contemporáneo. El visitante a la galería podía encontrar también un pequeño portafolio con 10 tarjetas postales que reproducen obras del artista.

Javier Fernández P, "Alas caidas", 2014, acuarela.
Javier Fernández P, “Alas caidas”, 2014, acuarela.

El artista había previsto inicialmente que la exposición fuera en enero, el mes de las “Alasitas”, por lo que está la obra Ekeco, que hacía alusión al tema, y por eso también preparó pinturas muy pequeñas. La exposición fue pospuesta por la administración de la sala, por lo que incluyó el tema de las fiestas del carnaval andino, acaecido a mediados del mes de febrero, con sus seres humanos transmutados en personajes de fantasía y de fiesta, los diablos, los ángeles, las china-supay, los morenos, etc. Ese es el tema principal de la exposición con obras como Domingo de tentación, que muestra a Cristo rodeado de tentaciones carnavaleras, Comensales que muestra a unos danzantes en torno a una mesa; Ángel y demonio, China supay, y la muerte en la fiesta presente en las obras Comparsa de vivos y muertos y Alas caídas.

Otras obras trataban sobre los personajes paceños anónimos vistos desde la cotidianidad: Alba Pacesa es la barrendera de calles en las madrugadas, Luzóforo es un jubilado en la plaza Murillo. Entre los representados hay que mencionar: Rostros, políptico de nueve de rostros y calaveras; el enigmático e inexpresivo rostro de Mutismo, Retrato contemporáneo, pastel sobre papel negro; Domingo de tentación, el rostro de Cristo, lleno de tatuajes, rodeado de bailarinas, y en contraposición la fantasmagórica representación de Habitantes y el misterioso Torso translúcido.

Javier Fernández P, "Amanecer", 2014, óleo-panel,
Javier Fernández P, “Amanecer”, 2014, óleo-panel,

Las naturalezas muertas eran: Cartas amarillas, baúles apilados con máquina de escribir encima; Héroes de pacotilla, que muestra las cabezas de yeso para ejercicios de dibujo en la escuela de arte. Otras son memoria de la ausencia: El visitante, que muestra un colgador de ropa con una camisa embolsada, o Reposo, una chaqueta colgada. Hay unas acuarelas muy pequeñas, de bran belleza y calidad: Hilo vital, que muestra una máquina de coser; Memoria del olor, que es una flor seca, y Memoria del vuelo, que muestra una mariposa caída. Por otra parte, una naturaleza viva es Señor Ruiz, que presenta a un chinguerito posado en la rama de un árbol.

Javier Fernández P, "Habitantes", 2014, óleo-panel,
Javier Fernández P, “Habitantes”, 2014, óleo-panel,

Había varios paisajes, rurales y urbanos y los que podría definir como paisajes interiores. Entre estos últimos están las dos versiones de una vieja locomotora en la maestranza ferroviaria de Uyuni en Potosí: Guerrero, de 2012, y El último guerrero, del 2014, que dado el tema también podrían asignarse en sentido literal al grupo de las naturalezas muertas. Dentro de estos paisajes está Oración que muestra el barroco esplendoroso de la iglesia de San Francisco de La Paz en el momento de una celebración religiosa. Entre los paisajes urbanos estaban: Silencio, que muestra el portón de una vieja casona paceña, mientras que Vecinos muestra una puerta de garaje metálica acompañada por una hilera de medidores en el muro de una casa de la periferia de la ciudad. Entre los paisajes rurales había bellas obras: en primer lugar una representación del Illimani, El eterno; o los alrededores en Paisaje (Farallón de Ovejuyo). Quizá las piezas más logradas de este conjunto hayan sido: La cosecha, acuarela, que muestra a una mujer cargada con plantas de maíz, o la valla vegetal: De la retama su olor. La pequeña pieza Segadores, es una acuarela sublime y sobrecogedora, que muestra a una pareja de campesinos cerniendo la quinua cosechada.

Javier Fernández P, "Cosecha", 2015, acuarela,
Javier Fernández P, “Cosecha”, 2014, acuarela,

La muerte es un tema y un personaje recurrente en la obra de este artista. En esta exposición es tratado y representado en Alas caídas, una bailarina muerta rodeada de los danzantes de su comparsa, mientras sus cuerpo a modo de los efectos cinematográficos ya ha transitado la descomposición y ya es solo un langüideciente esqueleto contemplado por un ángel bailarín; y en Los comensales, grupo de cinco bailarines con atuendos de la “Diablada” que son esqueletos que comparten un ágape.

Javier Fernández tiene, por un lado, la capacidad de representar cosas sencillas de la cotidianeidad, convirtiéndolas en misteriosas y sugerentes; y por otro, también transita más allá de la realidad hacia ámbitos paranormales. Sin entrar en lo “real maravilloso” como hiciera Raúl Lara, la temática de las obras de Fernández transita entre lo real e irreal, material y espiritual; entre el mundo de la vida y de la muerte, de los vivos y de los muertos. Fantasmas, aparecidos, resucitados, ángeles y apariciones extáticas son parte de su temática, frecuentemente vinculada con la religiosidad popular y con las leyendas urbanas.

La técnica pictórica de este artista es aparentemente sencilla y desenfadada, pero en realidad es de gran destreza, precisión y sofisticación. Al elaborar sus obras empieza desde las manchas y lavados de los colores de fondo, sobre papel mojado, desde donde va construyendo las formas que componen los temas. El artista pasa de las manchas iniciales a los toques precisos con los que ajusta las imágenes, ya con pinceles finos sobre el papel seco, con los que conforma la obra acabada. Sus lavados y transiciones sobre papel humedecido son impecables y crean atmosferas sugerentes y ambiguas que son parte de su estilo personal, tanto en lo técnico como en lo temático. Sus obras se caracterizan por un colorido suave, nunca estridente, con tendencia a los grises y pardos. Por eso su obra está próxima a la tradición inglesa de la acuarela, definida en gran medida por William Turner.

Javier Fernández P, "Señor Ruiz", 2015, acuarela,
Javier Fernández P, “Señor Ruiz”, 2015, acuarela,

Javier Fernández Patón nació en La Paz en 1958. Estudió la carrera de arquitectura en la UMSA y se graduó como arquitecto, en 1989. Paralelamente estudió pintura como alumno libre tanto en la Carrera de Artes de la UMSA, como en la Academia Nacional de Bellas Artes “Hernando Siles”, en La Paz. No ha ejercido la profesión de arquitecto y ha dedicado todo su interés y tiempo al arte, a la docencia del arte y a la gestión del arte. Ha venido exponiendo su obra con regularidad, desde 1974 hasta el presente.

Javier Fernández P, "Retrato contemporáneo", 2014, mixta-panel,
Javier Fernández P, “Retrato contemporáneo”, 2014, mixta-panel,

Ha sido galardonado con varios premios a lo largo de su carrera como el: Primer Premio en Acuarela del Salón Municipal de Artes Plásticas “Pedro Domingo Murillo”, de la Alcaldía de La Paz, con la obra Eterno peregrinar, en julio de 1984; el Gran Premio del mismo Salón por la obra Sed, en 1988; así como el Gran Premio del Salón Municipal “14 de Septiembre” de Cochabamba. Ganó el Premio de Honor de la VI Bienal Internacional de Acuarela, convocada por la Ilustre Municipalidad y Corporación Cultural de Viña del Mar, en agosto de 2008.

Bolivia es un país que ha contado con notables acuarelistas y artistas que han registrado y recreado el país y sus imaginarios colectivos con sus acuarelas. El mayor ejemplo en el siglo XIX fue el del autodidacta Melchor María Mercado. Durante el siglo XX, los pintores europeos Juan Rimça y Víctor Chvatal influyeron en la manera moderna de pintar acuarela. Los bolivianos Jorge de la Reza, Raúl G. Prada, Gil Coimbra, Cecilio Guzmán de Rojas, David Crespo Gastelú, han sido grandes acuarelistas. Más tarde siguieron Jorge Urioste Urioste, Luis Lusiç, Alfredo Da Silva, Gíldaro Antezana, Ricardo Pérez Alcalá, Julio César Téllez, José Rovira, José Rodríguez, Humberto Erquicia, y otros más jóvenes como David Angles, David Dario Antezana, Remy Daza y Zenón Sansuste. En cada generación, estos artistas han enseñado a las siguientes. Entre los más jóvenes destacan hoy Alejandra Alarcón, Mónica Rina Mamani, Rosmery Mamani y Álvaro Ruilova, entre otros.

Javier Fernández Patón está en el más alto nivel de esa brillante constelación de artistas.

Javier Fernández P, "Segadores", 2015.
Javier Fernández P, “Segadores”,  2015, acuarela.
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