Se dice que nadie se muere antes de su hora, y por supuesto tampoco después de ella. No obstante, hay partidas que nos sorprenden por lo prematuras. Ayer se fue prematuramente Rubén Vargas Portugal.

Desde ayer en que falleció he leído y oído numerosos homenajes y anécdotas sobre Rubén como escritor, poeta, periodista y profesor universitario. Como soy poco salidor, poco amiguero, y más bien introvertido, no he formado parte de la bohemia literaria y artística paceña. Sin embargo, creo que a lo largo de los años, las inevitables coincidencias en los numerosos eventos culturales nos dieron a Rubén y a mi numerosas oportunidades para compartir, momentos para conversar, para coincidir o discrepar sobre temas de la cultura y el arte actual.

Como la mayor parte de los homenajes que ya se han hecho y se le seguirán haciendo hablan y hablarán del poeta, del escritor, del periodista y del profesor universitario, quiero aquí destacar algunos otros aspectos de la amistad cultivada entre ambos.

Por una parte, él fue un amigo prudente sencillo, escuchador y solidario. Eso nos hizo cómplices en los debates y propuestas sobre la gestión del arte y la cultura en La Paz y en el país. Él me regaló su amistad y aprecio y se los retribuí en la misma medida.

Por otra, desempeñó un notable papel en el campo de la crítica de arte, ámbito en el que se ha metido mucha gente de puro aventureros o diletantes, sin saber “de la Misa a la media”.

Alguna vez, algún artista que me di cuenta que no quería pedirme que yo hiciera un comentario sobre su obra, me preguntó sin embargo: “¿A quién le pido que escriba sobre mi obra?” Le dije: “Busca un poeta, busca siempre a un poeta. Ellos también son artistas y dicen con palabras lo que los artistas visuales dicen con imágenes.” “Busca a Rubén Vargas”, fue el colofón de mi respuesta.

Y es que Rubén, dentro de los muchos roles que desempeñó, también hizo comentarios, análisis y crítica del arte visual boliviano actual. Lo hacia con tino, con precisión y con conocimiento, porque si algo era Rubén, es que era informado, culto y sensible.

Por su manera de escribir, describir y analizar el arte actual, Rubén era desde hace tiempo parte de la genealogía intergeneracional de grandes críticos del arte boliviano. El formaba un trío junto con Rigoberto Villarroel Claure y Julio de la Vega Rodríguez. Rigoberto Villarroel reunió sus escritos y pensamientos en varios libros. Está pendiente una compilación de escritos sobre arte de Julio de la Vega, y desde hoy habrá que hacer otro tanto con la obra de Rubén.

Su ausencia definitiva me deja con un sentido de horfandad que pocas veces he sentido. Adiós al amigo.

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