Guiomar Mesa, "Balsas", 2012.
Guiomar Mesa, “Balsas”, 2012.

Con ese título la artista presenta una nueva exposición individual de sus obras, en la Galería “Mérida & Romero” de La Paz, que se inauguró el martes 8 y estará abierta hasta el 26 de septiembre.

Está compuesta por 16 pinturas al óleo sobre lienzo realizadas entre 2012 y 2015, de variadas dimensiones, mayoritariamente grandes. Como es casi constante en su metodología de trabajo, Guiomar Mesa ha usado de la fotografía para desarrollar sus temas. Sin embargo, para separarse de la fotografía como tal, ha trabajado sus obras con fuertes texturas matéricas que se acentúan según les llega la iluminación, y que tienen valor táctil.

Guiomar Mesa, "Cerros", 2012.
Guiomar Mesa, “Cerros”, 2012.

Las obras son:

  • Cerros, 2012;
  • Balsas, 2012;
  • Cocotoni, 2014, (vista del lago);
  • A lo lejos, 2014, (Cima con luz rasante y celajes);
  • Tocando el cielo, 2014 (gran Sajama);
  • Cumbre de acero, 2014;
  • Pared de agua, 2014 (Vista en contrapicado de totorales, campos y agua azul);
  • Sajama, 2014 (Un primer plano desde los pies de la gran montaña);
  • Al sol, 2014 (el altiplano en invierno con ropa blanca puesta a secar);
  • Viento helado, 2015 (paisaje de cumbres oscuras);
  • Donde el frío es azul, 2015 (paisaje de cumbres oscuras);
  • Espejo del cielo, 2015 (rivera de una laguna de alta montaña);
  • Artificio, 2015 (ilustrado en la tapa del catálogo),
  • Alma de cristal, 2015 (glaciar);
  • Tristeza del atardecer, 2015 (serranías nevadas);
  • Otro lago, 2015.

La nueva serie presentada implica un notable giro en la producción de la artista. Por eso, como en sus series precedentes, la escogencia del título es importante porque la define. El título es parte del conocido poema de Óscar Cerruto de 1958:

“Cantar”

“Mi patria tiene montañas, no mar.

Olas de trigo y trigales, no mar.

Espuma azul los pinares, no mar.

Cielos de esmalte fundido, no mar.

Y el coro ronco del viento sin mar.”

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Guiomar Mesa, “Cumbre de acero”, 2014.

La exhibición está acompañada por un folleto de 24 páginas producido por la propia artista, que no es catálogo de la exposición en sí, sino un registro de su más reciente producción. Es decir, en el folleto están ilustradas 19 piezas, aunque seis de ella no figuran en la exposición y hay otras seis que no están ilustradas en el impreso. El mismo cuenta con 20 fotografías de las obras, realizadas por la propia artista, más un retrato de ella realizado por su hija Sol. Tiene un texto de presentación escrito por Ramiro Garavito intitulado “Paisaje sobre paisaje”, que hace una breve historia del paisaje desde el Renacimiento italiano hasta el argumento final sobre los significados del paisaje, concluyendo que éste sólo cobra sentido cuando es mirado desde el interior del ser humano que lo representa así como del que lo mira.

Guiomar Mesa presenta esta exposición individual después de más de seis años respecto de la anterior, “Debajo de la corteza” el 2009, lapso en el que sólo presentó obras aisladas en exposiciones colectivas.

El paisaje es siempre una representación del mundo exterior, pero al mismo tiempo es también una construcción simbólica hecha desde la cultura de un grupo humano y la mirada del artista que lo representa.

Guiomar Mesa, "Cocotoni", 2014.
Guiomar Mesa, “Cocotoni”, 2014.

Las exposiciones de pinturas, objetos artísticos e instalaciones de Guiomar Mesa han sido siempre el resultado de elucubraciones previas muy profundas, con las cuales ha construido y representado series temáticas, unas más grandes que otras, unas abiertas y otras no, pero siempre como ciclos que al final ha cerrado. Probablemente, tras el cierre del ciclo anterior, el de las maniquíes, la apertura de este nuevo, dedicada al paisaje, ha sido el más complejo de su trayectoria porque ha entrado a un ámbito temático muy amplio y trabajado, pues casi todos los artistas han tratado el paisaje, y ahora ella lo enfrentó a su manera, aunque ya estuvo implícito en parte de su producción anterior.

La serie se inició el 2011, con paisajes del altiplano y el lago Titicaca, con obras como De paso, Lago, Isla, a los que después añadió Al sol, A lo lejos, para finalmente concentrarse en las montañas y acercarse a ellas a modo de mirada con prismáticos. Salvo dos representaciones del solitario nevado Sajama y Tocando al cielo, que tratan sobre ese solitario nevado, las montañas representadas son todas y son ninguna. No pretenden ser retratos visuales reconocibles de tal o cual montaña que se mira cotidianamente, sino que son retratos esenciales de las altas cimas. Son las cumbres extremas en que las rocas vivas que las forman han sido oxidadas y ennegrecidas por los glaciares. La amable y suave nieve depositada en ellas está en estas piezas: compactada, fría y congelada en hielo inmemorial, que qudó engarzado en la roca oscura.

Guiomar Mesa, "Alma de cristal", 2015.
Guiomar Mesa, “Alma de cristal”, 2015.

Dentro de esta serie se aprecia una evolución en el tratamiento de los temas, que se inició con la representación desde el punto de vista horizontal tradicional, como en Montaña II, A lo lejos y Tristeza del atardecer, para luego, al final, cambiar los ángulos de visión y la aproximación al sujeto temático. Algo semejante al cambio del uso de un lente gran angular por un teleobjetivo poderoso; este recurso trae las montañas al espectador o lo lleva hasta casi tocarlas, a las laderas y los recovecos de los farallones nevados. Algunas piezas muestran una peculiar mirada hacia abajo, como contrapicados cinematográfico, sin por eso aparecer como mirada a vuelo de pájaro. Esas son por ejemplo Artificio y Espejo de cielo.

Guiomar Mesa, "Pared de agua", 2014.
Guiomar Mesa, “Pared de agua”, 2014.
Guiomar Mesa, "Artificio", 2015.
Guiomar Mesa, “Artificio”, 2015.

Ahí es cuando sus obras adquieren un parentesco con las de María Luisa Pacheco, tanto por las fuertes texturas de la materia pictórica de las obras, como porque estas se aproximan a la casi total abstracción, sin dejar de ser figurativas y casi foto realistas. Esta aproximación también las relaciona con el libro Mallko de Gastón Suárez.

El único antecedente de una producción artística comparable en el tema, salvando las distancias de tiempo, generación y estilo, fue la exposición “Montañas”, de Raúl Mariaca Guillén, el año 1983.

Varias de sus pinturas del altiplano, pero especialmente las del lago recuerdan las del pintor cubano Tomás Sánchez, autor de paisajes tropicales y de islas solitarias llenas de árboles en medio del mar.

“Guiomar Mesa, con lenguajes plásticos tradicionales, ha producido a lo largo de su trayectoria una obra genuinamente contemporánea y novedosa, caracterizada por la sobriedad en el lenguaje, la gran riqueza de temas y propuestas para el análisis de la realidad de la mujer y de los símbolos y las escalas de valores de los bolivianos. Es una artista que está fuera del contexto tradicional del arte boliviano. Acaso el único antecedente sea el de Arturo Borda (1883-1953), tanto por su preocupación por la belleza, la fidelidad por la pintura, el realismo figurativo, como por el uso constante de la fotografía como recurso y el intenso y rico contenido simbólico que tiene características de discurso.”

“Constantemente reflexiva y testimonial de las inquietudes de los bolivianos en tiempos de cambios profundos y significativos, es una artista emblemática de la originalidad creativa del país y de su alta calidad en las ideas, los contenidos y las expresiones.”[1]

En esta exposición se aprecia una constante en la obra de la artista, que es su preferencia por la representación de objetos inanimados, esta vez las montañas. Nada tan simbólicamente inanimado como una montaña y, al mismo tiempo y en contraposición, desde la cosmogonía indígena originaria que sacralizó el territorio, nada con ánima tan poderosa y presente como las montañas, los “Apus”, y el agua madre, el Titicaca.

Guiomar Mesa, "Tocando el cielo (Gran Sajama)", 2015.
Guiomar Mesa, “Tocando el cielo (Gran Sajama)”, 2014.

Esta exposición demuestra que Guiomar ha superado el reto y entrega una propuesta novedosa y genuina dentro de un tema aparentemente trillado, y lo ha logrado como en otras oportunidades, con creatividad y originalidad. Su paisaje es una visión del tema desde el interior, como afirma Garavito, o como dijo el afamado fotógrafo Roberto Gerstmann:

“… hay un factor que, más que otros quizás, influye sobre el ambiente del cuadro, y es el estado de ánimo del autor, del hombre en sí mismo.”… “El autor busca en el mundo exterior el reflejo de su propio interior, y lo halla sin duda alguna. Entonces su alma resuena…”[2]

El alma de Guiomar retumba y reverbera en estas pinturas.

Guiomar Mesa, "Donde el frío es azul", 2015.
Guiomar Mesa, “Donde el frío es azul”, 2015.

[1]  Querejazu, Pedro. Guiomar Mesa. Fundación esART. La Paz, 2009.

[2]  Gerstmann, Roberto. Chile. 250 grabados en cobre. Braun & Cie. Éditeurs. 18 Rue Louis-Le-Grand. Paris, 1932. pp. 63-66.

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