Se trata de la exposición de Crespo Gastelú que fue iniciativa conjunta de la Fundación Cultural Simón I. Patiño a través de su oficina en La Paz, y de la Fundación Crespo Gastelú. Se inauguró el 21 de julio y estuvo abierta hasta el 10 de septiembre, en la sala de exposiciones del Espacio Patiño.

El título de la muestra retoma una frase de Villarroel Claure en que se refiere a su obra caricaturesca. La exhibición estuvo compuesta por una reducida selección de 65 obras de propiedad de la Fundación Crespo Gastelú que tiene la Casa Museo del artista. Se trató de pinturas al óleo, acuarela, pastel y gouache sobre lienzo, cartón o papel; artes gráficas, especialmente litografías; y dibujos sobre papel o cartulina hechos con lápiz grafito, carbón, sanguínea y otros medios. Varias de ellas fueron realizadas mediante la combinación de los medios y técnicas citados. Fueron 14 óleos, 13 témperas, 1 pastel, 35 acuarelas, 14 dibujos y 2 litografías. Además, se incorporaron en cuatro vitrinas tanto libros y revistas ilustrados por el artista, álbumes de fotografía de familia y de los lugares por donde estuvo, como algunas piezas delicadas sin enmarcado.

La exposición estuvo acompañada por un catálogo de formato cuadrado, de 21 x 21 cm. de 60 páginas impresas en color. Tiene textos de: Michela Pentimalli (Presentación), de Horacio Cruz, Jacqueline Calatayud y Francisco Leñero, que comentan la obra, y al final una relación de las exposiciones y revistas y libros ilustrados. Tiene 52 ilustraciones agrupadas en los siguientes temas: 1, Caricaturas, 2, Paisajes, escorzos urbanos, 3, Vida indígena cotidiana y ritual, 4, Retratos y 5, Ilustraciones. Entre los paisajes se ilustraron las importantes piezas: Entrando al templo, 1929; Regreso de los llampus, 1936 y Copacabana, 1937. En el tercer grupo se ilustra obras importantes: Fiesta en Caquiaviri y Procesión de Tata Santiago, de 1938.

David Crespo Gastelú, Revista "Argos", La Paz, 2 de noviembre de 1933.
David Crespo Gastelú, Revista “Argos”, La Paz, 2 de noviembre de 1933. (Fotógrafo anónimo).

David Crespo Gastelú nació el año 1901 en Corocoro, asiento minero en la Provincia Pacajes del Departamento de La Paz. Vivió principalmente en La Paz desde donde se desplazó tanto a las provincias paceñas como al exterior: Argentina, Chile y Perú, donde expuso su obra y en Buenos Aires tomó cursos de arte. Falleció en la ciudad de Sucre, el año 1947.

Contrajo matrimonio con Rosenda Caballero Ambolumbet que fue escritora, conocida por el seudónimo: “Gloria Serrano”. Tuvieron dos hijas: Ada Julia y Gloria Margot. La mayor siguió la prole y contrajo matrimonio con un señor Siles. Su hija Ligia Siles Crespo es actualmente gestora de la colección de obras del artista a través de la Fundación y el Museo. Buena parte de la producción del artista está reunida en la que fuera su casa, que su nieta ha organizado, catalogado y sistematizado como colección y presenta en exhibición en la Casa Museo.

Dado que la familia de David tenía propiedades agrícolas en la región de Corocoro, el artista viajó repetidamente por la región y el lago Titicaca. Aprovechó esas oportunidades para realizar numerosos apuntes y bocetos con lápices, pasteles y acuarelas, llenando cuadernos con paisajes, escenas costumbristas, registros de los indígenas tanto en sus tareas cotidianas de laboreo de la tierra como en las festivas.

Expuso sus caricaturas desde 1925. Fue uno de los organizadores del Primer Salón Nacional de Humoristas en 1936. Años después empezó a exponer sus paisajes y retratos y a producir ilustraciones. En 1945 fue Buenos Aires para estudiar muralismo. Ejerció la docencia del dibujo desde 1928 en los colegios Ayacucho y San Calixto, en la Escuela de Mecánicos de las Fuerzas Armadas y en la Academia Nacional de Bellas Artes “Hernando Siles” en La Paz, y, al final de su vida fue director de la Academia de Bellas Artes “Zacarías Benavides” en Sucre, en reemplazo de Juan Rimça. A lo largo de su breve trayectoria artística fue galardonado con el Primer Premio ‘Kantuta de Oro’ en el “Salón Indianista”, realizado en La Paz en 1932; y el Segundo Premio del “Salón Oficial de Bellas Artes” en Santiago de Chile, en 1939.

David Crespo Gastelú, Caricatura de Arturo Borda, 1928c.
David Crespo Gastelú, Caricatura de Arturo Borda, 1928.

Artista autodidacta, fue caricaturista, retratista, paisajista e ilustrador de libros y revistas y pretendió también realizar murales. El artista usó las técnicas antes mencionadas, comunes en su época

Desde el punto de vista de las técnicas, las obras de Crespo Gastelú son perfectas, demostrando que, pese a que fue autodidacta, logró un dominio de los medios equiparable en calidad, precisión y buen estado de conservación, con las obras de los artistas formados en las academias. Sus dibujos muestran trazos seguros, sueltos y precisos. Sus pinturas, especialmente los óleos, muestran ricas texturas y empastes y un manejo gestual y expresivo de los materiales. Son particularmente interesantes sus apuntes de paisajes, porque en algunos casos son apenas manchas, que muestran con claridad el proceso tanto de elaboración técnica, como la percepción del asunto y la construcción de las obras. Muchos de sus apuntes sirvieron de base para obras finales realizadas ulteriormente en el estudio del pintor. Por lo dicho, considero injusta la opinión de Villarroel Claure, que afirmó que las obras de este artista: “no llegan a tener una fisonomía suficiente”.[1]

David Crespo Gastelú, "Patio de Las Concepcionistas", 1932, lápiz y acuarela.
David Crespo Gastelú, “Patio de Las Concepcionistas. La Paz”, 1932, lápiz y acuarela.

Es posible que en términos comparativos se pueda decir que los óleos pintados por el artista son más magros, menos brillantes y mórbidos que los de otros artistas, tal el caso de Juan Rimça, pero no por eso son menos buenos. Esa diferencia está establecida por un estilo personal del manejo de los materiales.

David Crespo Gastelú, "Fiesta en Caquiaviri", 1938.
David Crespo Gastelú, “Fiesta en Caquiaviri”, 1938, óleo – lienzo.

Respecto a algunas obras del artista que forman parte de una colección, en 1996 escribí:

“Crespo Gastelú trabajó el paisaje urbano, realizado con un sentido romántico de gusto por la ruina y el rincón pintoresco. Algunos dibujos fueron realizados con tinta y pluma, con el estilo artístico peculiar de Crespo, de trazos gruesos de tinta en un manejo mesurado y meditado, enfatizando el detalle anecdótico como los revoques de los muros a medio caer y nubes dramáticas. Un trabajo representa el claustro en ruinas del desaparecido Convento de La Concepción de La Paz, realizado con lápiz de grafito, acentuado ligeramente con colores de acuarela, para destacar los colores rojo y algunas sombras del edificio. Se incluyen dos sanguíneas sobre papel en que se hacen evidentes las características del arte de Crespo Gastelú, formas envolventes y arrepolladas en las figuras, arquitectura deformada y apastelada y no deja de lado el carácter caricaturesco en sus personajes especialmente en la obra de la Pareja indígena en las cercanías de Cusco. Las acuarelas de Crespo Gastelú son más bien sencillas, la mayor parte de ellas apuntes de campo, no tienen la calidad técnica que sí tienen los dibujos …”[2]

Esta calidad técnica del trabajo y la concepción de las obras le ganaron el reconocimiento de sus colegas y le valieron al menos dos premios. Rigoberto Villarroel Claure comentó en 1962:

“Aunque los óleos de este artista no llegan a tener una fisonomía suficiente, su composición decorativa cobra vuelo seguro, se afirma en normas clásicas y toma motivos autóctonos como fuente original, singularizándose como uno de nuestros certeros muralistas a cuyo solio aún no llegan hoy los nuevos ensayistas de frescos o duco bolivianos. Crespo Gastelú tuvo la virtud de la simplicidad y la expresión originaria que nace del espíritu indigenista y se alarga hasta una posibilidad de creación universal…”.

Este mismo crítico afirmó en otra parte: “… una plástica perfeccionada, sus témperas aplicadas a un género ligero, si no ofrecen una luminosidad festiva, captan con precisión las actitudes del conjunto. … ejercita cuadros de costumbres, adquiriendo carácter de crítica social.”[3]

David Crespo Gastelú, "Claustro de Copacabana", 1932, tinta - papel.
David Crespo Gastelú, “Claustro de Copacabana”, 1932, tinta – papel.

Como ya se dijo, Crespo Gastelú inició su producción artística con la caricatura. Este género dentro del arte implica un agudo sentido de observación y la capacidad de percepción y descripción de la psicología y los rasgos del carácter de cada persona retratada de forma caricaturesca. Esto normalmente se traduce en la exageración de esos rasgos personales en el dibujo y la pintura. En mi opinión esto marcó definitivamente el arte de Crespo Gastelú, pues la exageración y deformación de los personajes, sumada la estilización del modo “indigenista”, está presente incluso en las obras que presumiblemente no tienen intención caricaturesca.

La obra de caricatura de Crespo Gastelú evolucionó desde la obra temprana, plena, con acentuadas distorsiones, hacia una forma sintética de línea escueta y breves rasgos descriptivos, en las que se aprecia una probable influencia del cubismo sintético.

Varios otros artistas, más o menos contemporáneos de David Crespo Gastelú practicaron la caricatura; entre ellos: Armando Pacheco Pereira, Miguel Alandia Pantoja, Emiliano Luján y Arturo Borda.[4]

Villarroel afirmó sobre este lenguaje:

“…de vena fácil, con profunda observación sicológica y una plástica perfeccionada, resume a veces en una mirada todo el espíritu del motivo;…”[5]

Y en otra parte añadió:

“Sus ensayos tuvieron una admirable virtud de síntesis; y no se crea que Gastelú era simplemente un intuitivo, sino que el dibujo obedecía a una convicción propia y cita al propio artista “La nueva caricatura busca en el rasgo la emoción, poniendo al descubierto el espíritu”.[6]

Tras analizar la obra de David Crespo Gastelú creo que nunca pudo separarse totalmente de la caricatura. La exageración y distorsión de los rasgos de los personajes fue más allá de las modificaciones estilísticas impuestas por la estética del indigenismo. Creo que su sentido burlón y caricaturesco impregnó su obra pese a cualquier ideología política que hubiera podido seguir. Después de todo, él era de la clase social dominante.

Sobre su dibujo Villarroel dijo: “… posee un dibujo de trazo sintético, lineal y expresivo por su movilidad; y cuando estudia una figura individual, su factura resulta de un modelado concluso y verídico.[7]

Las ilustraciones, especialmente las de los interiores de los libros muestran la pervivencia e influencia de las formas neorrománticas de los estilos Art Nouveau y Art Deco.

David Crespo Gastelú, "El abanico", Revista "Las Horas", portada, Año 1, No 1, La Paz, 1928.
David Crespo Gastelú, “El abanico”, Revista “Las Horas”, Portada, Año 1, No 1, La Paz, 1928.

La temática de las obras presentadas en la exposición está dedicada mayoritariamente al paisaje del Departamento de La Paz, especialmente del lago Titicaca, aunque también se presentaron paisajes marinos de Antofagasta y urbanos de La Paz y Buenos Aires.

Un importante porcentaje de las obras incorpora grupos de personajes nativos en medio del paisaje, unas veces meramente como parte del mismo, y otras como protagonistas en escenas costumbristas de tareas cotidianas o en fiestas tradicionales y vernaculares.

David Crespo Gastelú, "Chincheros", 1938.
David Crespo Gastelú, “Chincheros”, 1938.

La estética del arte de Crespo Gastelú, en términos generales está dentro del “Indigenismo”, tanto por la selección y preferencia de los temas rurales, como por las deformaciones y estilizaciones del paisaje, de los grupos humanos y de los rostros de las personas, incluyendo las representaciones de las danzas y fiestas tradicionales y los usos y costumbres, como por la estilización de las figuras, especialmente los rostros. Además, tiene características formales y estilísticas que vienen de otras fuentes. En primer lugar, es clara la influencia del estilo Art Deco (arte decorativo), heredero del Art Nouveau; esta impronta que estaba de moda en las décadas de 1920 y 1930, fue el marco general de la obra de Crespo Gastelú. Esto es claramente perceptible en sus dibujos de ilustración en varios libros y revistas, particularmente en los de la obra de Alberto de Villegas. A su vez, el Art Deco incluía la influencia formal y conceptual del cubismo concreto de Ferdinand Léger. También es perceptible la influencia del dibujo de la ilustración de revistas y publicidad, tanto estadounidense como argentino, que llegaba al país a través tanto por los carteles cinematográficos como de las revistas ilustradas. Esta última influencia se aprecia en sus paisajes, en los que, independientemente del verismo de la representación de tal o cual lugar, el manejo compositivo y los trazos alusivos al paisaje distante y a las nubes están vinculados con el de la ilustración de su época. Esto se manifiesta como estereotipos formales repetitivos, aspectos que son parte del estilo personal del artista, pero que también fueron comunes con la obra de otros artistas.

En alguna pieza quizá se pudiera cuestionar la perspectiva, como un Paisaje del lago Titicaca, pero nunca en sus perspectivas urbanas y monumentales que son correctísimas. En cuanto a la representación deformada de la arquitectura, de las iglesias y edificaciones urbanas y rurales, hay que decir que por una parte fueron improntas estilísticas de moda que Crespo Gastelú compartió con otros contemporáneos, entre ellos Cecilio Guzmán de Rojas, Genaro Ibáñez, Mario Yllanes, Manuel Fuentes Lira y otros. En contraposición, quien ha viajado por el altiplano boliviano, especialmente por territorios Pacajes y Carangas, puede constatar que las torres, los muros, los contrafuertes de las iglesias y edificaciones civiles tienen marcadas curvaturas; sus basamentos son más anchos y gruesos que sus partes altas; los techos son curvilíneos por el peso de la paja o de las tejas, como se aprecia en las iglesias de Santiago de Curahuara de Carangas o de Sabaya, por citar dos ejemplos.

En las referencias biográficas del artista se habla de su interés por el muralismo. No me queda claro si sólo estudió muralismo en Buenos Aires y luego elaboró varios bocetos y proyectos, o si realmente realizó murales, como afirma Villarroel Claure. El muralismo que se practicaba en esos años era decorativo y costumbrista, como muestran los proyectos de Mario Yllanes. Por la época de la actividad de Crespo Gastelú, en la década de 1920, el pintor ecuatoriano Luis Enrique Toro Moreno realizó los murales para el Palais Concert en Oruro. Cecilio Guzmán de Rojas realizó en 1930 los grandes lienzos murales para el Cine París en La Paz (uno de los cuales está hoy en el Museo Nacional de Arte). Juan Rimça realizó con sus alumnos un mural en 1935, en la casa de su discípula Josefina Reynolds, en Sucre. Otros son los de la Escuela Indigenal de Huarisata.

David Crespo Gastelú, "Fiesta indígena", 1932, acuarela.
David Crespo Gastelú, “Fiesta indígena”, 1932, acuarela.

Crespo Gastelú desarrolló una manera propia de representar a los individuos y grupos de personas en el área rural. Muy rara vez, salvo que se tratase de retratos, los representa de frente. La más frecuente es la representación de perfiles y de las espaldas. Eso que es una manera personal, puede deberse tanto a una actitud de respeto y conocimiento del artista para con los retratados y sus usos y costumbres, manteniéndose él como un testigo que mira desde atrás, desde una segunda o tercera línea; puede deberse también a una influencia de la fotografía pictorialista en la pintura; esto es particularmente evidente en las representaciones de las mujeres indígenas. En las fotografías de esa época y de las décadas precedentes es muy raro encontrar que las mujeres nativas se dejasen fotografiar, o que miraran a la cámara estando en grupos o en escenas abiertas. Ejemplo de lo dicho son las obras fotográficas de Julio Cordero, Max. T. Vargas, Luis Domingo Gismondi y Roberto Gerstmann, por citar algunos fotógrafos.

En el catálogo de la exposición Horacio Cruz atribuye a Crespo Gastelú un pensamiento de izquierda que sustentaría su indigenismo. Es raro ver dentro de la producción de los artistas bolivianos de la primera mitad del siglo una relación entre ideología y expresión y representación plástica; la cosa fue muy distinta después de la “Revolución Nacional” de 1952. Creo que por lo que se ve de la obra de Crespo Gastelú es casi imposible definir una ideología política concreta que inspirase su estética y la eventual actitud reivindicacionista del indígena originario. Por el contrario, creo que el pensamiento de izquierda inspirado en el marxismo y el comunismo pergeñados en Europa estableció el sistema de clases donde el indígena convertido en “clase campesina” como parte del proletariado por su tipología laboral, quedó desposeído de su genuina calidad de nativo originario con cultura propia; como ejemplo: la probada ideología de izquierda de Arturo Borda que le llevó a criticar el esteticismo estéril del indigenismo. Creo más bien que el indigenismo se basó en otras aproximaciones de la búsqueda de lo propio y ancestral, con un marcado tinte romántico y por tanto nacionalista, que pudo tener contactos con un tipo de pensamiento socialista.

David Crespo Gastelú, "Indios de Cusco", 1938, Sanguínea - papel.
David Crespo Gastelú, “Indios de Cusco”, 1938, Sanguínea – papel.

Carlos Salazar Mostajo, de ideología trotskista, maestro rural y activo protagonista de la Escuela Indigenal de Huarisata, junto con Elizardo Pérez y otros intelectuales y artistas, definió al indigenismo como la actitud de los criollos habitantes de las urbes que se preocupaban y reivindicaban a los indios, mientras que en contraposición definió como “indianistas” a los indígenas que se ocupaban de sus propias reivindicaciones. Sin embargo, hasta el presente no hay consenso sobre estas definiciones. En todo caso, basado en la etimología, creo que los términos están trastocados, en otras palabras, “indigenistas” debían ser los indígenas que reivindican sus causas, e “indianistas” los criollos y foráneos urbanitas (no indígenas originarios) que reivindican o reivindicaron la causa de los indios.

David Crespo Gastelú, "Entierro indígena", 1936.
David Crespo Gastelú, “Entierro indígena”, 1936.

Coloquio “La obra en vivo”.

Como parte de la exposición y como ha hecho en oportunidades precedentes, el Espacio Patiño organizó un coloquio sobre la obra del artista. Participaron Horacio Cruz, sociólogo; Javier Fernández Patón, renombrado artista plástico; Ligia Siles Crespo, y como moderador Mauricio Souza Crespo, escritor. En el coloquio, tanto los ponentes como personas del público asistente, comentaron sobre la obra del artista, su manera de representar a los indígenas, las maneras del paisaje, del indigenismo y del indianismo. Lamentablemente, en un momento dado, el coloquio se fue de rumbo y acabó en un debate denigrante y calumnioso sobre el cineasta Jorge Ruiz. (En ese momento abandoné la sala).

David Crespo Gastelú, Caricaturas de Bautista Saavedra y Franz Tamayo, 1929.
David Crespo Gastelú, Caricaturas de Bautista Saavedra y Franz Tamayo, Revista “Variedades”, La Paz, Año 1, No 1, 1929.

Bibliografía:

– Fundación Simón I. Patiño – Fundación Crespo Gastelú. David Crespo Gastelú. El Espíritu del motivo. Selección de obras del Museo Crespo Gastelú. Catálogo de exposición. La Paz, 2015.

– Querejazu, Pedro. Pintura Boliviana del siglo XX. La Paz, 1989. p. 276; ilustración 66.

– Querejazu, Pedro. El dibujo en Bolivia. Fundación BHN. La Paz, 1989. pp. 49-50 y 90-92.

– Salazar Mostajo, Carlos. Arte contemporáneo en Bolivia. Ed. Juventud. La Paz, 1989.

– Villarroel Claure, Rigoberto. Arte contemporáneo. Pintores, escultores y grabadores bolivianos. La Paz, 1952.

– Villarroel Claure, Rigoberto. La pintura y la escultura actual en Bolivia. Revista Khana No 36/37, La Paz, 1962.

[1]  Villarroel, Claure, Rigoberto. El arte contemporáneo. En: Revista “Khana”, La Paz, 1932.

[2]  Querejazu, Pedro. El dibujo en Bolivia. La Paz, 1995. pp. 49-50.

[3]  Ibid., p. 126.

[4]  Ibid., p. 73.

[5]  Rigoberto Villarroel Claure, Arte contemporáneo, p. 126.

[6]  Ibid., p. 48.

[7]  Ibid., p. 126.

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