El Centro Cultural de España en La Paz, CCELP, ha venido realizando una serie de presentaciones artísticas multidisciplinarias en su “Sala Negra”.

La tal sala es el resultado de la pervivencia de los taludes y muros de contención originales de la Casa de España sobre el río Choqueyapu, que fueron modificados recientemente e incorporados dentro de lo que hoy se llama el “Parque Urbano Central”, desarrollado sobre el entubamiento del río, espacio que empieza en la calle Cristóbal Colón y termina en el “Parque de los monos”, el Teatro al aíre libre y empalma con la avenida del Poeta, hasta la gruta de la Virgen de Lourdes, camino a Obrajes.

La Sala Negra es un espacio imposible, largo y estrecho, con el muro izquierdo vertical y el opuesto en Talud, con unas escaleras de acceso y un muro de fondo triangular. El CCELP, con el fin de estimular tanto las propuestas de uso de ese difícil espacio como la tarea de los curadores de arte lanzó una convocatoria: “Curar en la Sala Negra” que se abrió el 1º de junio y cerró el 10 de julio de este año. La misma tuvo como principal objetivo el poner en valor y promocionar el trabajo de los curadores en el contexto artístico cultural del país, incentivando el reconocimiento de esta actividad de la gestión cultural tan necesaria y vital para el mundo del arte boliviano actual. El diseño, la planificación, la contextualización y la coherencia de los espacios y los proyectos expositivos, precisan de la figura y persona del Curador. Por eso, que el CCELP optó por replantearse el uso y gestión de la Sala Negra para el año 2015, proponiendo al mismo tiempo la puesta en valor del trabajo del curador de Arte.

El proyecto curatorial ganador de la convocatoria tituló: “Ejercicios espirituales. Descomponer el infierno”, presentado por la artista visual, curadora de arte y doctoranda en teoría e historiadora del arte Lucía Querejazu Escobari. La propuesta suponía la realización de tres exposiciones y otros eventos realizados por varios artistas y la curadora: Natalia Fajardo y Diego Fletcher, compositores musicales de música de autor contemporánea, y James Moon, (Andrés Luna-Orozco de Aléncar), arquitecto, diseñador gráfico e ilustrador.

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Lucía Querejazu, “Los ojos y el olfato. El Infierno de Caquiaviri”, Sala Negra, 2015.

La serie del proyecto se inició el jueves 17 de septiembre, con la apertura de la instalación multisensorial titulada “Los ojos y el olfato. El Infierno de Caquiaviri”, realizada con base en fotografías manipuladas y modificadas de la gran pintura de con ese tema, parte de la serie de cinco postrimerías pintadas en 1739 que están en los muros de esa iglesia de la Provincia Pacajes. La curaduría implicó la construcción de una puerta de madera que sobresale del piso del patio ulterior del CCELP, haciendo acaso una especia de remedo de las puertas del infierno de Rodín. Tiene dos paneles explicativos en el exterior y, por unas escaleras se desciende al infierno y se entra al espacio totalmente oscuro, negro de la sala. En ella, se mostraron tres imágenes proyectadas sobre el muro en talud, de detalles del infierno de Caquiaviri. El espectador camina sobre un suelo mojado y percibe olores de azufre y pólvora quemada, tradicionalmente asociados con lo demoniaco e infernal, mientras transita entre demonios y pecadores torturados y castigados horriblemente y sin fin.

La segunda parte abrió al público el 15 de octubre, con la disertación de la curadora con el tema: “El infierno. Origen, historia y por qué Caquiaviri”, y la subsecuente apertura del espacio con la instalación sonora y acústica “Ejercicios espirituales. Descomponer el infierno: El oído”, compuesta y desarrollada por los músicos y creadores Natalia Fajardo y Diego Fletcher. Esta instalación producida con base en sonidos grabados y sintetizados sumados a otros efectos acústicos, en folly, se presentó con alto volumen de audio en el interior totalmente oscuro de la sala. Esta instalación producida con base en sonidos grabados y sintetizados sumados a otros efectos acústicos, se presentó con alto volumen de audio en el interior totalmente oscuro de la sala. El espectador transitaba rodeado por sonidos y ruidos “infernales” organizados en un audio de cinco minutos de duración de repetición continua e infinita. El espectador contaba sólo con la referencia de un haz de luz muy concentrado proyectado desde el centro del techo de la sala hacia el suelo oscuro, sugiriendo la existencia de un orificio más profundo y más oscuro aún, si fuese posible.

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James Moon, “Entrada del infierno”, Sala Negra, 2015

La tercera exposición, precedida por una segunda disertación de Lucía Querejazu titulada: “La representación del demonio”, se inauguró el jueves 12 de noviembre, con una instalación y obras realizadas por James Moon, que está abierta al público aún. La instalación está compuesta por siete magníficos dibujos con tinta y pluma que representan a seis demonios y al Leviatán. Descorriendo una cortina de tela roja se desciende por los escalones al “infierno de la sala negra. Los dibujos han sido ampliados a dimensiones enormes y montados sobre paneles con siluetas específicas que, gracias a una iluminación intensa y contrastada, proyectan sombras sobre los negros muros de la sala. El espectador puede caminar por un sendero zigzagueante de tablas sobre el suelo mojado, entre los demonios y sus sombras, hasta llegar al fondo de la sala, en la cual está el diablo. (Solo puede verlo aquella persona que se sienta en una silla y lo encuentra también sentado de frente y mirándole cara a cara).

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James Moon, “Caminando en el infierno”, Sala Negra, 2015.

Reto cumplido el de curar en la Sala Negra, máxime con una propuesta que empalmó lo mejor del arte colonial del país, apropiado y replanteado tanto con medios tradicionales como el dibujo, como con propuestas contemporáneas de alta calidad, con un resultado novedoso, original, creativo y propositivo, aunque sea yo el que lo diga, y lo digo precisamente por eso.

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James Moon, “Entre demonios en el infierno”, Sala Negra, 2015

 

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